Se inaugura en el Museo Nacional Centro de arte Reina Sofía una exposición del artista neoyorkino David Wojnarowicz en la que se podrá recorrer el Nueva York de los años 80 y 90 lleno de confrontaciones sociales y de enfermedades como el sida.
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha organizado junto al Whitney Museum of American Art de Nueva York y en colaboración con el Mudam Luxembourg-Musée d’Art Moderne grand-Duc Jean la exposición “David Wojnarowicz. La historia me quita el sueño”, una muestra que cuenta con 200 obras aproximadamente procedentes de colecciones privadas de Estados Unidos. Estas reflejan a la perfección el nombre de la exposición debido a la gran cantidad de imágenes impactantes que se pueden ver en ella. Esta gran recopilación es la primera que se hace desde la organizada en 1999 por el New Museum de Nueva York.
David Wojnarowicz nació en Nueva Jersey en el año 1954. Su infancia y adolescencia fueron un tanto complicadas. Sufrió malos tratos e incluso con tan solo doce años llegó a ejercer la prostitución con otro hombre a cambio de dos dólares, ya que su vida estuvo marcada por la pobreza. Se graduó en la High School of Music and Art de Manhattan y posteriormente se formó de forma autodidacta. Era homosexual y seropositivo por lo que se convirtió en el defensor de los marginados y de las causas perdidas como las fronteras, las guerras o el sida, enfermedad que padeció y que se llevó a muchos de sus amigos ante la pasividad del gobierno. Esto hizo que gran parte de su obra se enmarque en un periodo de la historia de Norteamérica marcado por la crisis del sida y las guerras culturales.
Tuvo grandes amistades que le sirvieron de inspiración como Mike Bidlo, Peter Hujar, Richard Kern, Geer Lankton, Ben Neill, Kiki Smith o Tommy Turner. A finales de los años setenta empezó a desarrollar una obra que toca todo tipo de formatos como la fotografía, la pintura, la música o la literatura, ya que no quería ceñirse a un solo estilo sino quería que sus obras tuvieran una actitud abierta. Se dio a conocer principalmente en Nueva York en un contexto de cambios culturales y de incertidumbre económica debido a la crisis. También se estaban introduciendo nuevos estilos como el grafiti o la música de la new wave y la no wave lo que hizo de Nueva York el escenario perfecto para desarrollar su arte.
La exposición se inicia con una sala dedicada a otros poetas que para él tomaban la figura de héroes como Jean Gent (1910-1986). Lo que más le impresionaba de él era su forma de tratar el sexo homosexual o su visión erótica del universo. Le dedica un collage (Genet after Brassaï) en el que lo transforma en un santo con una figura de Jesucristo drogándose al fondo. Esta obra le supuso una demanda por parte de la American Family Association en 1990. Él se defendió abogando que la drogadicción era un conflicto contemporáneo que Jesucristo había perdonado. De esta forma ganó el juico.

Collage de litografías en offset montado sobre papel.
Wojnarowicz antes de ser artista fue poeta, lo que le hizo estudiar a fondo la obra de William S. Borrought y de Jean Genet, pero se sentía bastante próximo a Arthur Rimbaud, un poeta francés de siglo XIX. A finales de la década de los 70, después de visitar a su hermana en Francia, con tan solo 24 años creó la serie Arthur Rimbaud en New York (1978-1979), una obra que sigue el recorrido de esta exposición en la que integra 39 fotografías en blanco y negro de sus amigos por las calles de Manhattan con una careta que él mismo fabricó de la imagen de Rimbaud. Utilizó una cámara prestada y situó a sus amigos en los lugares que para él habían sido importantes como el metro, Coney Island o Times Square en diferentes posturas que no dejan indiferente a nadie: masturbándose o colocado.
El artista sentía un vínculo especial con Rimbaud a pesar de que este hubiera nacido cien años antes que él. Compartían un episodio que a ambos les marcó: el abandono de sus padres. Además, uno de los temas principales de sus obras es la homosexualidad, lo que a ambos los convertía en extraños. Rimbaud resumía este sentimiento con una frase célebre: “Je est un autre” (Yo es otro).
El recorrido de la muestra continua con varias salas llenas de esculturas y de collages, pero la que más llama la atención es la que organizó para la galería Civilian Warfare del East Village en mayo de 1984. Consiste en un conjunto de 23 cabezas de escayola que decoró con trozos de pintura y de mapamundis. La cifra no es casualidad, ya que hace referencia al número de pares de cromosomas del ADN humano. La serie tenía como tema principal “la evolución de la concienca” y, para su inauguración, las colocó alineadas sobre unas repisas en una pared en la que pintó una diana. La performance representaba un paredón de fusilamiento lo que simbolizaba los conflictos que por aquel entonces se estaban produciendo en Sudamérica y en América Central (la guerra sucia de Argentina, la guerra civil de El Salvador o la Contra nicaragüense). Las cabezas representan al extranjero o al desconocido y obligan al espectador a reflexionar sobre la corrupción y sobre el poder.

Collage de papel y pintura acrílica sobre escayola.
Colección Hall.
Sin duda, la persona que más influyó en la vida y en la obra de Wojnarowicz fue Peter Hujar al que conoció en 1980. Ambos fueron amantes durante un tiempo, pero su relación de amistad fue más allá. Hujar tenía veinte años más que Wojnarowicz, era fotógrafo y un personaje bastante reconocido en el Nueva York de aquella época. Él fue quien animó a Wojnarowicz a que pintara, convenciéndole de que llevaba un artista dentro. El sida se lo llevó en 1987 cuando Wojnarowicz se encontraba en la sala del hospital en la que él vivió sus últimos días. El artista pidió a los presentes que abandonaran la sala para poder fotografiarlo por última vez. En esta exposición se pueden ver tres de las 23 fotografías que realizó tras la muerte de su amigo al que consideraba su mentor.
El recorrido sigue con varias salas que muestran obras pertenecientes a varias colecciones realizadas por Wojnarowicz como la única exposición retrospectiva que inauguró en vida: Tongues of Flame (Lenguas de fuego). Para ella estuvo preparando cuatro enormes pinturas de flores exóticas. La belleza de un cuerpo, según él, reside en su fragilidad y la flor es un elemento que representa la crisis del sida.
La obra que da lugar al final de la exposición es un collage en el que juntó una foto suya de cuando era niño con un texto que resume a la perfección lo que fue su vida y lo que representa esta exposición: “Un día este chico crecerá. Un día este chico llegará a saber algo que causa una sensación equivalente a la separación de la tierra de su eje. Un día este chico llegará a un punto en el que percibirá una división que no es matemática. Un día este chico sentirá algo agitándose en su corazón y su garganta y su boca. (…) Todo esto empezará a suceder dentro de un par de años cuando descubra que desea poner su cuerpo desnudo sobre el cuerpo desnudo de otro chico”.
A lo largo de toda la exposición Wojnarowicz nos hace reflexionar sobre la cuestión de cómo deberíamos vivir a día de hoy, ya que muestra un mundo interior y exterior en el que parece que somos los creadores de la obra. Por esta razón Rimbaud fue uno de sus principales referentes al ser el autor de la frase “yo es otro”. La pregunta recorre toda la exposición que incluye obras de contenido crítico, pornográfico y material relacionado con temas tan atemporales como la drogadicción o la homosexualidad. Sin duda es la mayor oportunidad para el público europeo, y sobre todo madrileño, de poder conocer un poco más la obra de este gran artista y la historia de Nueva York en la década de los 80 y los 90.