Esperanza morada

Una mala gestión del espacio o falta de previsión podrían haber hecho que el cierre de campaña de Unidas Podemos acabara en desastre.

Eran las ocho y veinte de la tarde. 4.700 personas impacientes aguardaban la llegada de quien les gustaría fuese el presidente de su país. Así lo hacían saber con sus gritos a coro: “¡Pablo presidente!”. Unos minutos más tarde, al ritmo de la banda sonora de Piratas del Caribe, recibían a este y a su equipo de Unidas Podemos en el interior del pabellón uno de IFEMA. En el escenario también se pudo ver a Ada Colau, presidenta de Barcelona, apoyando al partido.

Horas antes, la gente ya hacía cola en el lugar del encuentro. Varias banderas eran ondeadas con ayuda del fuerte viento que hacía la tarde del 8 de noviembre. Entre ellas, se encontraban la bandera republicana y la del colectivo LGTBI. Personas bien abrigadas, entre las que la media de edad rondaba los 50 años, se encontraban a la espera de poder entrar a apoyar a quien ellos darían su voto en las próximas elecciones.

Los asistentes, eran votantes de izquierdas. Algunos de ellos, descontentos con el socialista Pedro Sánchez, habían decidido cambiar su voto al partido morado porque creían que este representaba mejor sus ideales. Entre los presentes, había quien nunca había apoyado al partido socialista desde que su líder actual se erigía como tal. Así pues, algún pequeño grupo de personas de los que se encontraban a la espera para entrar en el recinto, criticaban la actitud y los principios del presidente en funciones, también de izquierdas.

A las seis y media de la tarde, la cola comenzó a avanzar. Lentamente, los allí presentes, comenzaron a entrar en el pabellón. Dentro de este se podían localizar un par de puestos con distintos tipos de bebidas, unas cuantas sillas, un espacio para la prensa y un escenario. Fue aquí, tras haber superado el frio y el viento de la fila, donde comenzaron los inconvenientes. Al principio parecía simplemente un caso aislado en el que una persona quería sentarse pero no podía. Poco a poco, el ambiente se caldeaba. Las sillas eran insuficientes, y más personas de las que podría haber sentadas, comenzaron a quejarse. Algunas incluso tuvieron encontronazos con los encargados de la organización.

El problema de los asientos no se produjo únicamente entre la gente que había ido a apoyar a Unidas Podemos. A medida que iban llegando los acreditados de prensa, iban ocupando las sillas preparadas en la zona que era para ellos. Quizás por la mala previsión de los organizadores, o por la gran afluencia de periodistas y futuros periodistas, ya que había estudiantes de varias universidades acreditados, el sitio no era suficiente. Es más, algunos profesionales tuvieron que sentarse en el suelo para poder realizar su trabajo.

Pero esto no fue todo. La gente había comenzado a corear “¡que empiece ya, que el público se va!”. Y es que los asistentes creían que el acto de cierre de campaña comenzaba a las siete de la tarde y ya eran las ocho. El tiempo pasaba y de los componentes del partido de Pablo Iglesias todavía no había ni rastro. Entre los indignados, todavía quedaban algunos esperanzadores que creían que en cualquier momento entrarían los integrantes de Unidas Podemos. Estos esperaban a los políticos entre cánticos, como Bella Ciao, ¡no pasarán! y ¡sí se puede ¡ que entonaban con el puño en alto.

Una vez dejó de sonar Piratas del Caribe, se pudo ver como Unidas Podemos, con el apoyo de la alcaldesa de Barcelona, era recibido entre aplausos y gritos de ánimo. Todos habían olvidado lo sucedido en la sala durante los momentos previos.

Una foto grupal con los asistentes de fondo. La número dos del partido, Irene Montero, coge un micrófono. Sus primeras palabras fueron de perdón a los asistentes por la demora del acto. Explicó que la tardanza con la que habían comenzado se debía a que Pablo Iglesias no había podido llegar antes debido a sus labores como padre. Concretamente dijo que se debía a que estaba acostando a sus dos hijos. Tras esta disculpa, comenzaron los discursos políticos.

Irene Montero continuaba con el micrófono. Cada frase que decía finalizaba con el estruendo de los aplausos del público. Podía escucharse a algún asistente decir que al partido Unidas Podemos le iría mucho mejor si estuviese ella a la cabeza. La número dos en su discurso hizo un llamamiento a los votantes indecisos. No fue el único durante el acto ni la única en pronunciarse respecto a esto. El micrófono, tras pasar por varias manos de los distintos políticos que se encontraban encima del escenario, llegó a Ada Colau. La alcaldesa fue de las más aplaudidas en su intervención. Antes de comenzar a hablar, el público le gritaba “¡no estás sola!” durante varios segundos. Cuando comenzó su discurso, lo hizo en catalán. Al fondo del recinto se podía escuchar como varias personas coreaban “libertad para el pueblo catalán”. Una de las frases más aplaudidas a la catalana decía que venían a reivindicar el feminismo contra la testosterona. Además de que no dejarían que “la política de trincheras” dividiera a las clases populares, gente común y trabajadores.

Tras finalizar su discurso con un “¡sí se puede!” del público con el puño levantado, la catalana afirmaba que era un honor pasarle la palabra a su amigo y compañero Pablo Iglesias. Al secretario general de Unidas Podemos se le notaba satisfecho con la campaña exprés que habían hecho y optimista con los resultados que se obtendrían en las urnas el próximo 10 de noviembre. Iglesias afirmaba estar convencido de que Pedro Sánchez buscaba una alianza con el Partido Popular, liderado por Pablo Casado. Por ello, como ya había hecho Irene Montero al principio de las intervenciones, apeló al voto de los votantes indecisos. Declaraba que si estos eran de izquierdas, el partido que mejor  defendería sus interese era el suyo.  Continuaba su discurso sosteniendo que los votantes eran la llave para que el Partido Socialista de Sánchez no tuviese otra opción que pactar. Pactar con Unidas Podemos, partido que, según las palabras de su líder, forzaría la coalición que no se pudo lograr en las pasadas elecciones del 28 de abril. Pablo Iglesias confiaba en que en estas elecciones su partido se vería reforzado.

El fin de su discurso se produjo acompañado de aplausos y puños alzados gritando “¡sí se puede!”. Estas voces se mantuvieron durante algunos minutos. Finalmente, la gente, poco a poco comenzó a abandonar la sala al ritmo de las canciones de Kiko Veneno y O’funk’illo.

Publicado por BanCarri

Estudiantes de periodismo con ganas de hacer llegar la información a todos los públicos

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